viernes, 14 de diciembre de 2018

Las primeras asociaciones obreras

Los cambios no sólo se dieron en el ámbito empresarial, sino que esta segunda fase de la Revolución Industrial también tuvo efectos sobre la sociedad. La vieja sociedad dio paso a una nueva sociedad de clases con dos grupos protagonistas: la burguesía y el proletariado. 
La nueva sociedad supuso en primer lugar la igualdad de todos los individuos ante la ley. Sin embargo, esa igualdad legal no se correspondía con la división social, porque por un lado estaba la burguesía (propietaria de los medios de producción) y por otro el proletariado (que no tenía propiedades, y tenía que trabajar para ganar un sueldo). 
En los primeros años, el proletariado estaba explotado en el trabajo, y eso permitió que los propietarios acumulasen grandes fortunas. En esa explotación se veían injusticias relacionadas con las jornadas de trabajo, los sueldos o las condiciones en las que trabajaban. Fueron precisamente ésas las razones que impulsaron el nacimiento de las primeras asociaciones obreras.
Esas primeras asociaciones obreras, que luchaban también contra la presencia de las máquinas en las fábricas que eran una amenaza seria contra el trabajo de los proletariados, gozaron de una mayor o menor importancia según el grado de industrialización de los países. Por ejemplo, el ludismo nació en Inglaterra, y fue una de las primeras asociaciones de este tipo. En Francia también fue importante el movimiento de asociación obrera, y en general, fueron los puntos de partida de los futuros partidos políticos y sindicatos que conocemos hoy. Entre las victorias que se lograron, además de cambios políticos importantes, están la reducción de la jornada laboral a 8 horas, los seguros para los trabajadores, la regulación e incluso prohibición del trabajo infantil, y sobre todo, la mejora en las condiciones de los lugares de trabajo en las fábricas. 

Acuerdos entre empresas. El cartel (acuerdos entre empresas), el trust (fusión entre empresas), el holding.

Durante la primera industrialización los capitales se distribuían en pequeñas empresas que competían en un mercado libre. Pero todo cambién durante la Segunda Revolución Industria, cuando se tendió a la concentración de esos capitales en pocas manos y a la fusión empresarial. Las compañías más poderosas absorbieron a las más débiles y controlaron las distintas ramas de la producción pretendiendo controlar el mercado en régimen de monopolio
Dentro de las nuevas prácticas empresariales, destacaron tres fórmulas de concentración industrial:
· El cártel: consistía en un acuerdo entre dos o más empresas, que conservaban su autonomía financiera para fijar precios, cuotas de producción y repartirse el mercado. 
· El trust: era la fusión de empresas para imponer los precios de venta y la producción. Algunos ejemplos de esta práctica fueron la creación de la Standard Oil Company, o la fábrica de automóviles Ford.
El holding: en este caso se trataba de una sociedad financiera que controlaba empresas pertenecientes a sectores productivos diversos mediante la adquisición de la mayoría de sus acciones en Bolsa

jueves, 13 de diciembre de 2018

El liberalismo económico es una doctrina económica basada en la propiedad privada e individual que alcanzó un gran desarrollo en el siglo XIX. Cree que la riqueza de un país se halla en la creación de excedentes y se opone a la intervención del estado en materia económica. Esta corriente se impuso entre los industriales, financieros y comerciantes que protagonizaron la revolución industrial y los gobernantes favorecieron su implantación permitiendo la libre circulación de productos, de capital y de trabajadores. El padre de la escuela liberal económica fue Adam Smith, cuya doctrina partía de la consideración de que los particulares siempre persiguen su interés personal a toda costa, aunque en esta búsqueda son sometidos por una especie de ley universal o "mano invisible" que vela por el interés general de la sociedad y que autorregula del mercado.
David Ricardo y Malthus defienden también el liberalismo aunque sus planteamientos no son tan optimistas como los de Smith.
El triunfo del liberalismo económico y de la Revolución Industrial provocó el desarrollo del sistema capitalista.

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Capitalismo en la Revolución Industrial.



Este modelo de capitalismo comenzó a desarrollarse a partir de 1760, cuando Inglaterra experimentó la primera Revolución Industrial. Lo que marca esta etapa es la invención del telar y la máquina de vapor, el uso del carbón y el hierro. Estas son las características de la industria textil, que empleaba a los campesinos, obligados a abandonar el campo por falta de trabajo. Desde entonces, comenzó a componer la población de las grandes ciudades.
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Desde 1860, otros países también han invertido en la formación de sus industrias, una fase que se llama Segunda Revolución Industrial. De este modo, Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda, EE.UU. y Japón, hasta principios del siglo XX, fueron los grandes capitales en la producción de acero, electricidad y productos químicos.
Durante esta fase, también, el capitalismo industrial se ha convertido en el capitalismo financiero, cuando las empresas y los bancos se unieron para obtener mayores ganancias (guardaban el dinero de los ahorradores y daban créditos a las empresas industriales y ferroviarias). Destacaron familias de banqueros como  Péreire y los Rothschild. Esto llevó a la formación de grandes empresas multinacionales (que operan en varios países al mismo tiempo). Muy ricos y poderosos, las multinacionales imponen normas de producción y definen los precios de sus productos al mercado, reduciendo la actividad de pequeños comercios en términos de competencia.

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Será, sobre todo a partir de la Segunda Revolución Industrial, cuando el capitalismo moderno se implante en la sociedad, ya que el enorme avance tecnológico multiplicó y diversificó tanto la producción, que se abrieron muchos nuevos mercados y el mundo entero se convirtió en un enorme mercado global, creándose por primera vez una verdadera red comercial mundial que necesitaría de nuevas fórmulas de sofisticación empresarial, tales como las sociedades anónimas, las bolsas de valores o las nuevas formas de asociación empresarial (cártel, trust, holding...).
La sociedad anónima es el prototipo de la sociedad de estructura corporativa de capitales. Esta calificación implica que se trata de una sociedad externa, dotada de personalidad jurídica plena. Implica igualmente que es una sociedad estatutaria, lo que permite independizar la sociedad de las vicisitudes y peculiaridades de las personas que, en cada momento, sean sus socios. La circulación sencilla de las acciones en las que está dividido su capital permite a cada socio desinvertir si así lo desea, sin necesidad de retirar fondos del patrimonio social transmitiendo sus acciones a un tercero. Las decisiones de gestión se toman centralizadamente ya que corresponden, en general, al órgano de administración, que ostenta el monopolio de la representación de la sociedad y, por tanto, el poder para vincular el patrimonio social con terceros lo que significa, prácticamente, que los accionistas carecen de facultades para usar y disponer de los activos sociales.
 
La Bolsa es un organismo de carácter privado (aunque supervisado por el Estado) existente en la mayoría de los países capitalistas. Está ausente en los estados comunistas, por cuanto en ellos no existe la propiedad privada.
Su función es servir de intermediaria entre los organismos públicos o privados necesitados de capital y los que lo ofertan (ahorradores o inversionistas). La actividad es llevada a cabo por los denominados corredores, agentes de bolsa o “brokers”.
En la Bolsa se realizan básicamente    operaciones financieras de compra-venta de acciones (porción de capital de una empresa) y obligaciones (título representativo de una suma prestada a alguna entidad pública o privada, a cambio de un interés). Los títulos alcanzan una determinada cotización en función de la oferta y la demanda que exista sobre ellas. Cuando hay muchos vendedores que optan por desprenderse de sus títulos, el valor de éstos desciende, en tanto que si la demanda es fuerte, su cotización se eleva.

Proteccionismo

El proteccionismo es el desarrollo de una política económica en la que, para proteger los productos del propio país, se imponen limitaciones a la entrada de similares o iguales productos extranjeros mediante la imposición de aranceles e impuestos a la importación que encarezcan el producto de tal suerte que no sea rentable.
El proteccionismo es otra corriente que pretende favorecer la producción y el empleo internos utilizando el alza de los aranceles y la aplicación de medidas para-arancelarias, aun llegando hasta cierto control cambiario y de las compras estatales, como se planteó en E.U. con las adquisiciones de hierro y acero para las inversiones en infraestructura. Se da en las etapas históricas de contracción cuando las naciones se enfrentan por controlar los consumidores y atraer el empleo, que con frecuencia conduce a peligrosas guerras por los mercados. Así, el proteccionismo es una reacción natural de los países para defender: a sus trabajadores, sus reservas estatales y privadas y aun mejorar los términos de intercambio ante la caída de las materias primas. Si bien trae problemas tales como el sobredimensionamiento del poder estatal.

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Librecambismo


El capitalismo o librecambismo, como teoría o sistema económico, sustituye al mercantilismo, al capitalismo comercial, y a la fisiocracia del XVIII (Mezcla mercantilismo y capitalismo), como teorías económicas que se habían desarrollado en la Edad Moderna. La teoría económica librecambista, que en líneas generales, llega hasta la actualidad, se desarrolla en torno a unos presupuestos básicos que podemos resumir en:
1. Libertad de comercio y producción.
2. Libre competencia entre empresas.
3. Ley Oferta-Demanda como reguladora de todas las actividades económicas.
4. El Estado debe abstenerse de intervenir en economía o intervenir lo menos posible, para no lesionar
los principios anteriores.
5. La economía debe regirse por las ansias individuales de riqueza.
6. El capital es el elemento fundamental de producción.
7. El crecimiento económico se fundamenta en la inversión constante de capital que garanticen un
crecimiento constante y sostenido.
8. La Propiedad Privada y su defensa son indiscutible.
9. Aparecerá una nueva organización social basada en la riqueza y no en el nacimiento.
10.División del trabajo sectorialmente y geográficamente: Áreas ricas exportadoras de capital, técnica y
manufacturas., y Áreas pobres exportadoras de obreros, alimentos y materias primas.

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Con algunas diferencias, los primeros teóricos del capitalismo, sostendrán estos principios como
fundamentales para el desarrollo económico. La evolución económica, social y política, forzará algunos cambios durante el siglo XX en estas teorías. Las reivindicaciones de las clases sociales más perjudicadas por el sistema, las crisis económicas, y las necesidades de adaptación, provocarán revisiones teóricas que acabarán creando ramas capitalistas con notables diferencias: El capitalismo social keynesiano, el ultraliberalismo de Milton Freedman. Sin embargo, aquí sólo vamos a ocuparnos de los primeros autores que formularon las ideas básicas del sistema capitalista, y que resumimos a continuación:
Adam Smith puede considerarse como el “padre” de esta teoría económica, ya que él recoge la mayor parte de los presupuestos enumerados más arriba. En su libro “Ensayo sobre la naturaleza y riqueza de las naciones”, recoge sus ideas sobre la organización económica capitalista y los principios ideológicos del sistema económico que defiende. Es él quien defiende el libre comercio sin trabas, la Ley de la Oferta y la Demanda como único regulador económico, el retraimiento del estado en cuestiones económicas, la propiedad privada como un concepto casi sagrado, la libre competencia, la aniquilación del sistema económico del Antiguo régimen (gremios, aduanas internas).
Para Adam Smith, el interés privado es igual al interés de la nación y de la sociedad, por lo que el enriquecimiento particular no sólo es legal, sino bueno para toda la sociedad. El mercantilismo consideraba que la riqueza venía dada por la posesión de metales preciosos, los fisiócratas consideraban a la tierra como principal fuente de riqueza, pero Adam Smith piensa que el Trabajo es la fuente de toda riqueza, y es una mercancía más que depende de la Ley de la Oferta y la Demanda. Es esta ley la que introduce las correcciones automáticas cuando
aparecen desequilibrios económicos, crisis, etc. Esta Ley, por si sola, según Adam Smith, y sin la intervención del Estado, podía corregir los precios excesivamente bajos o elevados, los salarios, la producción, ya que esta Ley no escrita eliminaría los desequilibrios ocasionados por un exceso de producción simplemente reduciendo los precios de venta al superar la oferta a la demanda, y al revés. Apostaba también la una necesaria división y especialización del trabajo, para reducir los costos de producción fundamentalmente, aunque ello llevará a crear grandes distancias económicas entre unas regiones y otras. Su Teoría del Valor aporta una primera fórmula para medir el valor de las cosas, aunque de una forma excesivamente simplista, ya que para Adam Smith el Valor es igual a la Cantidad de Trabajo aplicado para producir una cosas. No obstante, distingue entre valor de uso y valor de cambio: El Valor de uso=Trabajo+Capital+Materia Prima; el Valor de Cambio es simplemente el valor de mercado, o el precios que el producto alcanza en el mercado y que depende de la oferta y la demanda.
 
Imagen relacionada Adam Smith.

La Industria siderúrgica.

La industria siderúrgica fue el otro sector industrial característico de la Primera Revolución Industrial. Su desarrollo vino impulsado por la demanda de instrumentos y maquinaria de hierro para los sectores agrario y textil.
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Numerosos avances aumentaron la productividad de los altos hornos y mejoraron la calidad del hierro, especialmente la sustitución de la madera - un recurso escaso - por el carbón de coque como combustible ( tiene una gran potencia calorífica). Esto  permitió, por un lado un extraordinario crecimiento del sector minero del carbón y por otro, la producción de hierro en grandes cantidades.  


El proceso Bessemer fue el primer proceso industrial barato para la fabricación en serie de acero de un metal en lingotes fundidos. El proceso es nombrado por su inventor, Henry Bessemer, que sacó una patente del proceso en 1855.
El principio clave es la retirada de impurezas del hierro mediante la oxidación producida por el insuflado de aire en el hierro fundido. La oxidación causa, de la elevación de la temperatura de la masa del hierro y lo mantiene fundido.
El aparato ideado por Bessemer se llama convertidor por cuanto convierte el arrabio, ya procesado, es decir, la fundición, en acero o hierro.
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